
.. Aquel que desea convertirse en hombre de conocimiento, debe sortear con éxito el encuentro con los “Cuatro Enemigos Naturales”.
-El primero de estos es el –miedo- que lo embargará en cuanto comprenda a qué aterrador universo está ingresando. Pese al miedo que hará vibrar cada fibra de su espíritu, él no debe detenerse. De persistir siempre en su desafío al miedo, llegará el instante en que el miedo cederá y posteriormente se retirará.
-Tan pronto vence el miedo, el aprendiz comienza a sentirse seguro de sí mismo. Su intención se fortifica, y ello lo hace a él mismo más fuerte. Ha llegado a la claridad de la mente y la intención, que, paradójicamente, se constituye en su segundo enemigo. Es que la –claridad- es capaz de encegarlo, dado que ya no duda de sí mismo y se siente impelido a realizar cuanto quiera. Cegado por su misma claridad, el discípulo no podrá seguir aprendiendo, y así habrá sido derrotado por su segundo enemigo.
Para evitarlo, el aprendiz deberá desafiar a su misma claridad, minimizándola hasta comprender que entregarse a ella, como al miedo anteriormente experimentado, también es un error. Habiendo derrotado a la claridad, se convertirá en un cazador de poder, nada ya podrá hacerle daño.
Tendrá la capacidad de hacer lo que le plazca con su poder… que será su tercer enemigo.
-El -poder- lo transformará en un esclavo suyo, haciéndolo veleidoso y cruel. Desafiando a su propio poder personal, el aprendiz comprenderá que lo que suponía su poder no era tal, que nadie posee al poder como no sea el poder mismo. Una vez logrado esto, habrá arribado el final de la senda del conocimiento: sabrá cuándo y de qué manera emplear su poder personal, sin que el miedo ni la claridad lo dominen.
-Sin embargo en este momento, se enfrentará al último y más terrible de sus enemigos. Este no es otro que la –vejez-, que lo impulsa permanentemente a descansar y a olvidar cuanto ha conocido y experimentado.
En caso de que logre vencer a este poderoso enemigo, en acecho constante, podrá ser considerado cabalmente un hombre de conocimiento.
- Carlos Castaneda


